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lunes, 14 de noviembre de 2011

Inquietudes


No hay duda que entre el pensar y el sentir existe una gran diferencia, esto es incontrovertible.

Existe una gran frialdad entre las gentes, es el frío de lo que no tiene importancia, de lo superficial.

Creen las multitudes que importante es lo que no es importante, suponen que la última moda, o el coche último modelo, o la cuestión esta del salario fundamental es lo único serio.

Llaman serio la crónica del día, la aventura amorosa, la vida sedentaria, la copa de licor, la carrera de caballos, la carrera de automóviles, la corrida de toros, el chismorreo, la calumnia, etc.

Obviamente, cuando el hombre del día o la mujer del salón de belleza escuchan algo sobre esoterismo, como quiera que esto no está en sus planes, ni en sus tertulias, ni en sus placeres sexuales, responden con un no sé qué de frialdad espantosa, o sencillamente retuercen la boca, levantan los hombros, y se retiran con indiferencia.

Esa apatía psicológica, esa frialdad que espanta, tiene dos basamentos; primero la ignorancia más tremenda, segundo la ausencia más absoluta de inquietudes espirituales.

Falta un contacto, un choque eléctrico, nadie lo dio en la tienda, tampoco entre lo que se creía serio, ni mucho menos en los placeres de la cama.

Si alguien fuera capaz de darle al frío imbécil o a la superficial mujercita el toque eléctrico del momento, el chispazo del corazón, alguna reminiscencia extraña, un no sé qué demasiado íntimo, tal vez entonces todo sería distinto.

Mas algo desplaza a la vocecilla secreta, a la primera corazonada, al anhelo íntimo; posiblemente una tontería, el hermoso sombrero de alguna vitrina o aparador, el dulce exquisito de un restaurante, el encuentro de un amigo que más tarde no tiene para nosotros ninguna importancia, etc.

Tonterías, necedades que no siendo transcendentales, sí tienen fuerza en un instante dado como para apagar la primera inquietud espiritual, el íntimo anhelo, la insignificante chispa de luz, la corazonada que sin saber por qué nos inquietó por un momento.

Si esos que hoy son cadáveres vivientes, fríos noctámbulos del club o sencillamente vendedores de paraguas en el almacén de la calle real, no hubieran sofocado la primera inquietud íntima, serían en este momento luminarias del espíritu, adeptos de la luz, hombres auténticos en el sentido más completo de la palabra.

El chispazo, la corazonada, un suspiro misterioso, un no sé qué, fue sentido alguna vez por el carnicero de la esquina, por el engrasador de calzado o por el doctor de primera magnitud, mas todo fue en vano, las necedades de la personalidad siempre apagan el primer chispazo de la luz; después prosigue el frío de la más espantosa indiferencia.

Incuestionablemente a las gentes se las traga la luna tarde o temprano; esta verdad resulta incontrovertible.

No hay nadie que en la vida no haya sentido alguna vez una corazonada, una extraña inquietud, desgraciadamente cualquier cosa de la personalidad, por tonta que esta sea, es suficiente como para reducir a polvareda cósmica eso que en el silencio de la noche nos conmovió por un momento.

La luna gana siempre estas batallas, ella se alimenta, se nutre precisamente con nuestras propias debilidades.

La luna es terriblemente mecanicista; el humanoide lunar, desprovisto por completo de toda inquietud solar, es incoherente y se mueve en el mundo de sus sueños.

Si alguien hiciera lo que nadie hace, esto es, avivar la íntima inquietud surgida tal vez en el misterio de alguna noche, no hay duda de que a la larga se asimilaría la inteligencia solar y se convertiría por tal motivo en hombre solar.

Eso es, precisamente, lo que el Sol quiere, pero a estas sombras lunares tan frías, apáticas e indiferentes, siempre se las traga la Luna; después viene la igualación de la muerte.

La muerte iguala todo. Cualquier cadáver viviente desprovisto de inquietudes solares, degenera terriblemente en forma progresiva hasta que la Luna lo devora.

El Sol quiere crear hombres, está haciendo ese ensayo en el laboratorio de la naturaleza; desgraciadamente, tal experimento no le ha dado muy buenos resultados, la Luna se traga la gente.

Sin embargo, esto que estamos diciendo no le interesa a nadie, mucho menos a los ignorantes ilustrados; ellos se sienten la mamá de los pollitos o el papá de Tarzán.

El Sol ha depositado dentro de las glándulas sexuales del animal intelectual equivocadamente llamado hombre, ciertos gérmenes solares que convenientemente desarrollados podrían transformarnos en hombres auténticos.

Empero el experimento solar resulta espantosamente difícil debido precisamente al frío lunar.

Las gentes no quieren cooperar con el Sol y por tal motivo a la larga los gérmenes solares involucionan, degeneran y se pierden lamentablemente.

La clavícula maestra de la obra del Sol está en la disolución de los elementos indeseables que llevamos dentro.

Cuando una raza humana pierde todo interés por las ideas solares, el Sol la destruye porque no le sirve ya para su experimento.

Como quiera que esta raza actual se ha vuelto insoportablemente lunar, terriblemente superficial y mecanicista, ya no sirve para el experimento solar, motivo más que suficiente por el cual será destruida.

Para que haya inquietud espiritual continua se requiere pasar el centro magnético de gravedad a la esencia, a la conciencia.

Desafortunadamente las gentes tienen el centro magnético de gravedad en la personalidad, en el café, en la cantina, en los negocios del banco, en la casa de citas o en la plaza de mercado, etc.

Obviamente, todas éstas son las cosas de la personalidad y el centro magnético de la misma atrae a todas estas cosas; esto es incontrovertible y cualquier persona que tenga sentido común puede verificarlo por sí misma y en forma directa.

Desgraciadamente, al leer todo esto, los bribones del intelecto, acostumbrados a discutir demasiado o a callar con un orgullo insoportable, prefieren tirar el libro con desdén y leer el periódico.

Unos cuantos sorbos de buen café y la crónica del día resultan magnífico alimento para los mamíferos racionales.

Sin embargo, ellos se sienten muy serios; indubitablemente sus propias sabihondeces los tienen alucinados, y estas cosas de tipo solar escritas en este libro insolente les molesta demasiado. No hay duda de que los ojos bohemios de los homúnculos de la razón no se atreverían a continuar con el estudio de esta obra.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Retorno y Recurrencia


Un hombre es lo que es su vida, si un hombre no modifica nada dentro de si mismo, si no transforma radicalmente su vida, si no trabaja sobre si mismo, está perdiendo su tiempo miserablemente.

La muerte es el regreso al comienzo mismo de su vida con la posibilidad de repetirla nuevamente.

Mucho se ha dicho en la literatura Seudo-Esotérica y Seudo-Ocultista, sobre el tema de las vidas sucesivas, mejor es que nos ocupemos de las existencias sucesivas.

La vida de cada uno de nos con todos sus tiempos es siempre la misma repitiéndose de existencia en existencia, a través de los innumerables siglos.

Incuestionablemente continuamos en la simiente de nuestros descendientes; esto es algo que ya está demostrado.

La vida de cada uno de nos en particular, es una película viviente que al morir nos llevamos a la eternidad.

Cada uno de nos se lleva su película y la vuelve a traer para proyectarla otra vez en la pantalla de una nueva existencia.

La repetición de dramas, comedias y tragedias, es un axioma fundamental de la Ley de Recurrencia.

En cada nueva existencia se repiten siempre las mismas circunstancias. Los actores de tales escenas siempre repetidas, son esas gentes que viven dentro de nuestro interior, los "Yoes".

Si desintegramos esos actores, esos "Yoes" que originan las siempre repetidas escenas de nuestra vida, entonces la repetición de tales circunstancias se haría algo más que imposible.

Obviamente sin actores no puede haber escenas; esto es algo irrebatible, irrefutable.
Así es como podemos libertarnos de las Leyes de Retorno y Recurrencia; así podemos hacemos libres de verdad.

Obviamente cada uno de los personajes (Yoes) que en nuestro interior llevamos, repite de existencia en existencia su mismo papel; si lo desintegramos, si el actor muere el papel concluye.

Reflexionando seriamente sobre la Ley de Recurrencia o repetición de escenas en cada Retorno, descubrimos por auto-observación intima, los resortes secretos de esta cuestión.

Si en la pasada existencia a la edad de veinticinco (25) años, tuvimos una aventura amorosa es Indubitable que el "Yo" de tal compromiso buscara a la dama de sus ensueños a los veinticinco (25) años de la nueva existencia.

Si la dama en cuestión entonces sólo tenía quince (15) años, el "Yo" de tal aventura buscará a su amado en la nueva existencia a la misma edad justa.

Resulta claro comprender que los dos "Yoes" tanto el de él como el de ella, se busquen telepáticamente y se reencuentren nuevamente para repetir la misma aventura amorosa de la pasada existencia...

Dos enemigos que a muerte pelearon en la pasada existencia, se buscarán otra vez en la nueva existencia para repetir su tragedia a la edad correspondiente.                  

Si dos personas tuvieron un pleito por bienes raíces a la edad de cuarenta (40) años en la pasada existencia, a la misma edad se buscaran telepáticamente en la nueva existencia para repetir lo mismo.

Dentro de cada uno de nosotros viven muchas gentes llenas de compromisos; eso es irrefutable.                      

Un ladrón carga en su interior una cueva de ladrones con diversos compromisos delictuosos. El asesino lleva dentro de si mismo un "club" de asesinos y el lujurioso porta en su psiquis una "Casa de Citas".

Lo grave de todo esto es que el intelecto ignora la existencia de tales gentes o "Yoes" dentro de si mismo y de tales compromisos que fatalmente se van cumpliendo.           

Todos estos compromisos de los Yoes que dentro de nosotros moran, se suceden por debajo de nuestra razón.

Son hechos que ignoramos, cosas que nos sucedían, acontecimientos que se procesan en el subconsciente e inconsciente.

Con justa, razón se nos ha dicho que todo nos sucede, como cuando llueve o como cuando truena.

Realmente tenemos la ilusión de hacer, empero nada hacemos, nos sucede, esto es fatal, mecánico...

Nuestra personalidad es tan sólo el instrumento de distintas gentes (Yoes), mediante la cual cada una de esas gentes (Yoes), cumple sus compromisos.

Por debajo de nuestra capacidad cognoscitiva suceden muchas cosas, desgraciadamente ignoramos lo que por debajo de nuestra pobre razón sucede.

Nos creemos sabios cuando en verdad ni siquiera sabemos que no sabemos. Somos míseros leños, arrastrados por las embravecidas olas del mar de la existencia.

Salir de esta desgracia, de esta inconsciencia, del estado tan lamentable en que nos encontramos, sólo es posible muriendo en si mismos...

¿Cómo podríamos despertar sin morir previamente? ¡Sólo con la muerte adviene lo nuevo! Si el germen no muere la planta no nace.

Quien despierta de verdad adquiere por tal motivo plena objetividad de su conciencia, iluminación auténtica, felicidad...

miércoles, 19 de octubre de 2011

El Blue Time o Terapeutica del Reposo


En el umbral misterioso del Templo de Delfos existía grabada en la piedra viva una máxima griega decía NOSCE TE IPSUM, “Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el Universo y a los Dioses”.

El estudio de si mismo, la serena reflexión, es obvio que en última instancia concluye en la quietud y en silencio de la mente.

Cuando la mente está quieta y en silencio, no sólo en el nivel superficial, intelectual, sino en todos y cada uno de los 49 departamentos subconscientes, adviene entonces lo nuevo, se desembotella la esencia, la conciencia, y viene el despertar del alma, el éxtasis y el samadhí.
La práctica diaria de la meditación nos transforma radicalmente. Las gentes que no trabajan en la aniquilación del yo viven mariposenando de escuela en escuela y no encuentran se centro permanente de gravedad, mueren fracasados sin haber logrado la Autorrealización de la esencia.

El despertar de la conciencia sólo es posible mediante la liberación y emancipación del dualismo mental, del batallar de las antítesis, del oleaje intelectual. Cualquier lucha subconsciente, infraconsciente o inconsciente, se convierte en una traba para la liberación de la esencia.

Toda batalla antitética, por insignificante e inconsciente que sea ella, acusa, en los infiernos atómicos del hombre, punto obscuros desconocidos. Observar y conocer esos aspectos infrahumanos del sí mismo, resulta indispensable para lograr la absoluta quietud y silencio de la mente. Sólo en ausencia del yo es posible experimentar y vivir la Revolución Integral y la Revolución de la Dialéctica.

El Blue time o Terapéutica del Reposo tiene reglas básicas sin las cuales resultaría imposible emanciparnos de los grilletes mortificadores de la mente. Estas reglas son:

  1. RELAJACIÓN: Es indispensable aprender a relajar el cuerpo para la meditación; ningún músculo debe quedar en tensión. Es urgente provocar y graduar el sueño a voluntad. Es evidente que de la sabia combinación de sueño y meditación resulta eso que se llama Iluminación. 
  2. RETROSPECCIÓN: ¿Qué se busca a través de la retrospección?. El animal intelectual, debido a la vida mecánica que vive diariamente, se olvida de sí mismo y cae en la fascinación; anda con la conciencia dormida sin recordar que hizo en el instante de levantarse, desconociendo los primeros pensamientos del día, sus actuaciones y lugares donde ha estado.
La retrospección tiene como finalidad la toma de conciencia de todas las actuaciones o acciones del pasado. Al realizar la retrospección en la meditación, no podremos objeciones a la mente; traeremos el recuerdo de las situaciones del pasado, desde el instante en el que se inicie la retrospección hasta el momento de la vida que nosotros deseemos. Cada recuerdo debemos estudiarlo sin identificarnos con él.

  1. REFLEXION SERENA: Primeramente, hay que hacernos plenamente conscientes del estado de ánimo en el que nos encontramos antes de que surja cualquier pensamiento. Observar serenamente nuestra mente, poner atención plena en toda forma mental que haga su aparición en la pantalla del intelecto.
Es perentorio convertirnos en vigías de nuestra propia mente durante cualquier actividad agitada, y detenernos por un instante para observarla.

  1. PSICOANÁLISIS: Indagar, inquirir, investigar la raíz y el origen de cada pensamiento, recuerdo, afecto, emoción, sentimiento, resentimiento, etc., conforme van surgiendo en la mente.
Durante el psicoanálisis se deberá examinar, aquilatar e inquirir sobre el origen, causa, razón o motivo fundamental de todo pensamiento, recuerdo, imagen y asociación;  conforme van surgiendo desde le fondo del subconsciente.

  1. MANTRALIZACION O KOAN: Los objetivos de esta etapa son: a) Mezclar dentro de nuestro universo interior las fuerzas mágicas de los mantras o Koanes. B) Despertar conciencia. C) Acumular íntimamente átomos crísticos de altísimo voltaje.
En este trabajo psicológico el intelecto debe asumir un estado receptivo, íntegro, úni-total, pleno, tranquilo y profundo. Con los koanes o frases que descontrolan a la mente se logra el estado receptivo y úni-total.
  1. ANÁLISIS SUPERLATIVO: Consiste en un conocimiento introspectivo de sí mismos, Introvertirnos es indispensable durante la meditación de fondo.
En este estado se trabajará en el proceso de la comprensión del yo o defecto que se quiere desintegrar. El estudiante gnóstico se concentrará en el agregado psicológico y lo mantendrá en la pantalla de la mente. Ante todo, es indispensable ser sincero consigo mismo.
El análisis superlativo consta de dos fases, que son:
a)    Auto-exploración: Indagar en lo profundo de la conciencia y en los 49 niveles del subconsciente cuando fue la primera vez en la vida que se manifestó el defecto, cuando la última y en que momento es que tiene más fuerza para manifestarse.
b)    Auto-descubrimiento: Investigar cuales son los alimentos del yo. Fraccionar y dividir al defecto en varias partes y estudiar cada una de éstas para lograr conocer de que clase de yoes proviene y que clases de yoes derivan de él.

  1. AUTO-JUICIO: sentar al defecto en estudio en el banquillo de los acusados. Traer a juicio los daños que ocasiona a la conciencia y los beneficios que traería a nuestra vida la aniquilación del defecto que se está juzgando.
  2. ORACIÓN: a la Divina Madre Kundalini, la Madre interior e individual, se le pedirá con mucho fervor, se le hablará con franqueza e introvertiendo todos los defectos y fallas que tenemos para que Ella, que es la única capaz de desintegrar los yoes, los desintegre hasta su misma raíz.
Resulta agradable e interesante asistir, cada vez que se pueda, a las Salas de meditación.

Es imprescindible practicar la meditación siempre con los ojos cerrados a fin de evitar las percepciones sensoriales externas
  
Samael Aun Weor

lunes, 21 de febrero de 2011

La Esencia viene de las Estrellas

La Esencia que cada uno de nosotros lleva en su interior viene de arriba, del Cielo, de las Estrellas...

Nuestros padres crearon el cuerpo apropiado para la recepción de la Esencia que viene de las Estrellas...

Trabajando intensamente sobre nosotros mismos y sacrificándonos por nuestros semejantes, regresaremos victoriosos al seno profundo de Urania...

No es indispensable que continuemos en desgracia; es impostergable reducir a polvareda cósmica eso que nos hace débiles e infelices.

La vida práctica como escuela es formidable, pero tomarla como un fin en sí misma es manifiestamente absurdo.

Es bueno saber también que cuando hemos eliminado radicalmente el Ego, la posibilidad de delinquir queda aniquilada y en consecuencia el Karma puede ser perdonado.

Necesitamos hacernos conscientes de nuestro propio Karma y eso sólo es posible mediante el estado de alerta novedad. Todo efecto de la vida, todo acontecimiento, tiene su causa en una vida anterior pero necesitamos hacernos conscientes de eso.

A todo momento de alegría o de dolor debe continuar la Meditación con mente quieta y en profundo silencio.

El resultado viene a ser la experimentación del mismo suceso en una vida anterior. Entonces hacemos conciencia de la causa del hecho, ya sea éste agradable o desagradable.